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Experiencias migratorias y los fenómenos interculturales
Migratory experiences and intercultural phenomena
Esperienze della migrazione e ai fenomeni interculturali
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Migrationserfahrungen und interkulturelle Phaenomene
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  Literatura de la migración:
 
Don Manuel
 

Ana Elena Barrios JB

A usted, Don Manuel, dondequiera que esté…

Lo vi sentado debajo del olmo, Don Manuel, con su playera roída y su mirada reflexiva.

La sombra del olmo cobija la banca del patio de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, México. Ese árbol ha escuchado tantas historias de soledad y de persecución, de desarraigo, de dolor y de esperanza, que quizá por eso se empeña en reverdecer, aún a pesar de la sequedad inclemente que lo reta, para seguir declarando su postura de testigo solidario. De modo que su sombra sigue llamando a los migrantes huéspedes de la casa a contar sus historias de camino, tarde tras tarde.

También a usted lo llamó. Se quedó sentado en la banca a disfrutar un poco el aire que de cuando en cuando llega para hacer sentir al calor infernal casi agradable. Yo me senté junto a usted. Me saludó amablemente y comenzamos a platicar. “¿Y a usted, cómo le fue en el camino?”

Salió por primera vez de Río del sol, su comunidad oaxaqueña, en mayo de 1998, cuando el precio del café se encontraba en su vía de descenso irremediable.

Usted cultivaba café, lo recolectaba, lo secaba al sol, lo pelaba, lo volvía a secar y después se lo vendía a los coyotes que subían cada cierto tiempo a la montaña a comprarlo al precio de su antojo. Años antes de que usted dejara su comunidad, el café lo pagaban hasta seiscientos pesos la “arroba”, que son alrededor de once kilos de café pelado y seco, o como le dicen: café pergamino. Con lo que ganaba del café, más la cosecha del maíz y frijol para el gasto, usted, su esposa, su hijo y su mamá podían vivir, muy justo, muy a penas, pero vivían. Pero después el precio del café empezó a caer año con año, hasta que vivir del café se convirtió en una pesadilla: “ya los coyotes que subían a comprarlo no querían dar más de cien pesos por lata”.

Ir a venderlo a Matías Romero, el pueblo más cercano, salía peor porque para llegar hasta allá hay que tomar dos “carros”, en los que hay que pagar pasaje por uno y por cada costal que lleve, luego encontrar quien le quiera comprar el café, porque los compradores ya tienen tratos con los coyotes, y finalmente acabar rematándolo para poder sacar lo mismo que el coyote hubiera pagado, pero encima hay que descontarle los pasajes.

Ese año varios de sus vecinos dejaron Río del sol para ir a Matías Romero o a Santo Domingo Petapa en busca de algún trabajo; los que no lo encontraron, que fueron la mayoría, decidieron emprender el camino para el otro lado.

Usted tomó la decisión dos meses después de haber enterrado a su esposa, y dos años después de haber enterrado a su hijo.

“Nos tardamos cinco años en tener a mi hijo porque Elvira no se podía embarazar; cuando por fin nació Víctor estaba muy chiquito y le costaba trabajo respirar”. Usted vio crecer poquito a su hijo, sin fuerzas, ni ganas de comer, lo llevó al centro de salud y a la clínica, donde le dijeron que estaba desnutrido. Le daban medicinas, pero no mejoraba, hasta que un día, a sus tres años recién cumplidos, amaneció muerto.

Entonces a su esposa la agarró la tristeza y se puso enferma, por rachas, a veces mejoraba un poco pero siempre recaía. “Decía que le dolía el vientre, iba al centro de salud, pero muchas veces no había medicinas. Le dijeron que fuera a la clínica, pero el pasaje para Matías sale caro y luego no lo atienden a uno luego luego, hay que sacar cita y volver semanas después”.

Cuando por fin la atendieron le detectaron cáncer cervicouterino en estado avanzado, para poder tomar el tratamiento tenía que estar yendo una vez al mes, pero no había dinero para estar pagando transportes. Encima, ese año las lluvias se excedieron, y la cosecha de maíz y frijol se inundó y se perdió, así que el poco dinero que quedaba era para comprar comida.

Elvira murió un jueves. “Cuando la veía en la caja, su mamá gritaba y lloraba. Yo no podía, tenía la tristeza atorada”. Igual que con su hijo, toda la comunidad cooperó para el velorio y el entierro, y juntaron además unos poquitos pesos para entregárselos en la mano, “aunque todos andábamos en las mismas”. Del poco dinero que le dieron, a su mamá le dio usted la mitad. La otra mitad la metió en un morral junto con dos playeras, una linterna, una bolsita de café y una Biblia, y se fue.

“Pues sí le da a uno bastante tristeza irse, dejar, pues su casa, su tierra, sus amigos… más cuando me despedí de mi mamá, porque yo soy todo lo que le queda, y también ella a mí, por eso quise irme, para poder mandarle dinero y que pudiera vivir bien”

Ese mismo día usted llegó a Ixtepec, para “tomar el tren” que llega a Coatzacoalcos. El tren es el “transporte gratuito” de los migrantes, pero también la parte más peligrosa del camino, no sólo por los accidentes sino también por los asaltos.

“El tren se toma de noche porque así hay menos riesgo de que lo vean a uno y lo bajen. Hay que esperarlo ahí al lado de las vías, pero por ahí anda mucho ratero que llega a asaltar a los que ya saben que ahí están esperando al tren. Ahí gracias a Dios no me robaron, nomás quedó el peligro del tren. Cuando está parado se baja el chofer a ver que nadie se suba, así que la mayoría de las veces hay que agarrarlo andando, cuando va recio. Se cuelga uno, se agarra de las vigas y se levanta con la fuerza de los brazos, pero ahí es donde hay que ponerse vivo y aguantar, porque si los brazos o las piernas no aguantan, el tren le come a uno un pie o una pierna”.

Conoció a Rolando al lado de las vías. Entre otros varios, ambos esperaban asustados y desconcertados al tren. Usted sintió confianza por aquel muchacho hondureño de veintiún años y comenzaron a platicar mientras esperaban el tren, era la segunda vez que Rolando lo tomaba. Cuando por fin llegó, ambos corrieron, se colgaron y buscaron un pedacito cercano para “acomodarse”. Usted encontró un pedacito chiquito para pararse y una viga cerca para agarrarse. Rolando quedó sentado cerca de la unión de dos vagones y se cubrió con la cobija que llevaba. Usted le aconsejó que se cambiara de lugar, él dijo que ahí estaba bien. Cada cierto tiempo usted volteaba y le gritaba a Rolando si venía bien, él contestaba que sí.

“Pero después de cierto tiempo el cansancio lo ataca a uno, el cuerpo se entume, y los brazos quisieran soltarse; peor todavía es cuando llega el sueño, porque sin darse cuenta uno se empieza a quedar dormido y el cuerpo falla... pero uno no puede dejarlo que falle porque entonces se cae y el tren se lo come… Uno tiene que luchar por mantenerse despierto y sin moverse para no irse a caer…”

Por ahí de las cuatro de la mañana, cuando el sueño ataca más fuerte, usted luchaba contra él con todas sus fuerzas, le rogaba a sus párpados que no se cerraran y a sus brazos que aguantaran otro poco. Entonces escuchó un grito y en seguida bajo sus pies varios tronidos. Usted sintió cómo todo el cuerpo empezaba a temblarle y el pánico lo invadía: “tanto estaba temblando, que sentía que me iba a caer”. Cerró los ojos, le rezó a todos los santos de los que se acordó y así fue que logró tranquilizarse. Cuando por fin pudo hablar le gritó varias veces a Rolando si estaba bien, pero Rolando no contestó. Al bajarse usted corrió hacia donde él estaba, pero lo único que encontró fue entre las llantas un retazo de cobija ensangrentada.

El miedo y la tristeza lo acompañaron muchos días con sus noches. Pero con todo usted siguió su camino y llegó hasta Naranjos, no muy lejos de Tampico, donde ya lo esperaba otro trago amargo: usted iba caminando en la noche, buscando algún parque para dormir. Era un barrio un poco solo y a lo lejos vio a unos policías. Lo vieron y le gritaron, usted sintió miedo y corrió, pero ellos lo alcanzaron y lo agarraron, eran dos, en su cara vieron que usted no era de ahí: se burlaron de usted. Lo pusieron contra una pared y lo golpearon hasta que se cansaron, le dieron la cabeza, en la cara, en la espalda, en las piernas y en el estómago; lo insultaron, lo amenazaron, le rajaron el morral, le quitaron todo el dinero, las camisas y la que llevaba puesta, la linterna y los zapatos. “La Biblia me la dejaron, porque esa sí les remordió robarla”.

Su Biblia se convirtió en su única compañera. Cuando se sentía solo, usted abría una página al azar y se ponía a leer, intentando descifrar lo que Dios quería decirle con eso: “leía mucho, cada que me detenía, hasta que un día cayó una lluvia recia y no tuve con qué cubrir mi Biblia, entonces se me mojó toda. Las páginas se pegaron y ya no se podían leer, nada más quedaban sin pegar las del Apocalipsis, pero esas no me daban consuelo… después se empezaron a podrir todas y fue ahí que tuve que dejarla… Me dio mucha tristeza, no la quise tirar, nada más me senté en un lugar y la dejé ahí al lado, para ver si alguien se la encontraba... Y entonces sí me sentí bien solo”.

Descalzo caminó usted hasta Tampico. Dos semanas se tardó en llegar y cuando llegó, con siete pesos en la bolsa, ya sus pies tenían tantas ampollas que no los sentía. Pasaba muchas horas sin comer, iba a iglesias a pedir ayuda y algunas veces se la daban, otras no. En Tampico encontró trabajo en un mercado. Ahí estuvo dos meses hasta que pudo comprarse unos zapatos, una playera y juntar un poquito de dinero.

Llegó hasta Matamoros y rogándole a Dios que no lo alcanzara la migra, en agosto logró usted llegar hasta San Antonio, donde lo recibió un amigo de su comunidad y le ofreció hospedaje por un mes, mientras le agarraba el modo a esa ciudad extraña y a ese país tan distinto de lo que usted conocía. Pudo encontrar al fin un trabajo en una empresa pequeña de lava-autos. Ahí le ofrecieron trabajo por 4 dólares la hora. A usted le pareció muy bien y trabajó ahí un mes, pero al llegar el día de la paga el patrón le pagó la mitad de lo convenido. Cuando usted reclamó, el patrón con toda displicencia le contestó: “you prefer me to call the migra?”

Poco tiempo después, por uno de sus vecinos se enteró que había una empresa no muy lejos de ahí que andaba buscando un plomero para contratar. Usted no sabía nada de plomería, pero anduvo preguntando en la colonia y no faltó quien le enseñara una y otra cosa. Así llegó a pedir trabajo y poco sueldo, y a la semana ya andaba visitando casas para darles el servicio de plomero.

Usted es un hombre honesto y de trabajo, por eso no le costó ganarse a sus clientes y a su patrón: “Después de un tiempo las personas ya me saludaban con gusto cuando iba a trabajar a sus casas, bueno, con excepciones porque luego había algunos que me hacían mala cara; pero si no, eran amables y yo les platicaba en el poco inglés que había aprendido. El patrón estaba contento con mi trabajo y me seguía dando direcciones de personas”. Luego aprendió también algo de electricista y el trabajo aumentó. Con lo que ganaba vivía en un cuarto, después le alcanzó para un pequeño departamento.

Mes con mes, puntualmente, usted le mandó la mitad de su sueldo a su mamá, hasta que un día le llamó diciéndole que se sentía mal. Dos semanas después fue una vecina quien le llamó para decirle que su mamá estaba grave.

Usted salió de Estados Unidos el 10 de febrero de este año, casi ocho años después de haber llegado. Volvió a Río del sol, y encontró la comunidad más despoblada que nunca. Ya sólo hay mujeres y niños, los jóvenes y los hombres, casi todos se fueron, a Matías, a Santo Domingo, a Oaxaca y en su mayoría al otro lado; algunos lo alcanzaron en San Antonio, los otros se fueron a Los Angeles, Nueva York y otras ciudades.

“Sentí muy raro de verlo todo tan vacío, no era la comunidad alegre que yo recordaba… se fue la gente y ahora está todo triste”.

A su mamá la encontró muy enferma pero feliz de volver a verlo. No quiso ir a la clínica, “aquí nací y aquí me quiero morir”, dijo, y un mes después murió.

Usted se sintió más solo que nunca. No se hallaba ya en Río de sol y no quiso quedarse a revivir fantasmas. Poquito tiempo después decidió volver a irse… a San Antonio, ¿por qué no?, allá tiene amigos y encuentra trabajo.

A Ciudad Juárez llegó el 12 de junio. En su segunda ida al norte usted tiene todas sus esperanzas puestas en un futuro incierto:

“Cuando me agarra la nostalgia pienso en la historia de la Biblia de Lot y su mujer. Así como le pasó a ella, que miró para atrás y se convirtió en una estatua de sal, así nos pasa también a nosotros… no podemos voltear para atrás… hay que ver siempre para adelante…”

Usted miró al horizonte largamente, sonrió y dijo:

“pero hay que darle gracias a Dios, porque siempre nos protege; conmigo siempre ha estado, nunca me ha abandonado, ni en los peores momentos… he sido muy afortunado y por eso le doy gracias”…

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Littérature de la migration:
  En écrivant la migration.
Nous présentons deux sections: En écrivant la migration et Poésie pour les personnes qui vivent la migration.

Quand nous parlons la langue d'un autre pays, l'une des choses que nous confondons, oú nous nous trompons, que nous mélangeons ce sont les prépositions. Même dans notre langue maternelle les prépositions, elles, elles sont mouvantes. Ce sont des particules qui tendent des pièges à notre langage, petits traîtres, pre-positio, elle nous disent où est-ce que nous nous mettons, où est-ce que nous nous plaçons, qu'est-ce que nous faisons avec. Alors quand j'allais nommer cet espace j'ai proposé:Ecrire sur, écrire pour, écrire dans, écrire à et finalement j'ai essayé de n'en mettre aucune: écrire la... en écrivant la...

Je ne sais pas encore quel est le rapport entre l'un et l'autre, je sais seulement qu'il s'agit d'écrire et de migration. Le milieu c'est ce que nous remplissons avec une prepositio vitae, en latin inventé, puisque nous sommes dans un espace de création.

Nous vous invitons à envoyer en nous écrivant à l'adresse: info@babelpsi.com

Vous pouvez signer, si vous voulez, ou ne pas signer, vous pouvez utiliser un pseudonyme ou votre véritable nom.

Vous pouvez envoyer un récit, un poème, une lettre, une phrase, une réflexion, un commentaire sur quelque chose d'autre écrit sur ce sujet.

Nous vous rappelons seulement qu'il faut que ce soient des textes courts, dans n'importe quelle langue et ils seront publiés dans cette langue, ils ne seront pas traduits par BabelPsi, si vous voulez, vous pouvez les envoyer en plusieurs langues.

Nous ne publierons, évidemment pas, les messages qui porteront des expressions outrageantes ou nuisibles pour les personnes. Merci. bonne lecture et meilleure écriture, nous vous attendons.

Mela Bosch
Modératrice de la section Littérature de la migration

  Des poèmes pour les personnes qui vivent la migration

La poésie, cette contamination de la musique, comme a dit Proust dans La prisonnière accompagne d’une façon spéciale les personnes qui vivent la migration: elle ne se laisse pas lire avec avidité dans les aéroports, elle n’accompagne pas non plus comme les mélodies de la terre d’origine. Elle offre la complicité de la langue qui l’exprime, il est impossible de la traduire, on y est mal à l’aise, on se sent attirés, on la lit, on croit l’oublier mais elle reste, quelque part, dans l’ âme.

Voici un groupe de poèmes de langues différentes, ils parlent de l’humanité, de la solitude, de la tolérance, de la migration.

Merci, profitez des poèmes et nous attendons vos collaborations (celles que vous aurez pu écrire ou choisir).

  S’il vous plaît, utilisez le traducteur Google pour mieux comprendre ce que nous vous expliquons en espagnol.
Migration literature:
  Writing Migration
It features two subsections: Writing on migration and Poetry for migrants.

When we speak a foreign language we usually get mixed up over or are at a loss for prepositions. Even in our mother tongue prepositions are a bit of a quicksand. These tiny, treacherous particles lurk in the shadows. Pre-positio: they tell us where to stand or to be or what we do with something.

Thus, when thinking about what name to give this site I proposed Writing about, writing for, writing on, writing to. Finally I tried skipping the preposition altogether

I still do not know what the nexus between the verb and its object is. I just know this proposal is about writing and migration. What stands in between is a gap that will be bridged by a prepositio vitae- a coined Latin expression seeing as this is a forum for promoting creativity

Write to us at info@babelpsi.com

You can send accounts, poems, letters, phrases, reflections, or comments about other people’s pieces on the subject. You can sign them or not, use your name or a pen name.

Just a reminder: The texts should be short and can be written in any language. The texts will be printed in the language they have been written in. They will not be translated unless the translation is made by its author.

Texts containing offensive comments or breaching people’s rights will not be printed.

We thank, have a good reading and even better writing.

Looking forward to hearing from you.

Mela Bosch
Mediator of the section Migration Literature
  Poetry for migrants

Poetry, that contamination of music, as Proust put it in The prisioner keeps migrants company in a very special way: It cannot be read zealously at airports and it does not keep you company the way the melodies from your homeland do.

Poetry is in collusion with the language it is expressed in, it cannot be translated, it is unsettling and alluring. We read it and believe we have forgotten all about it and yet in lingers somewhere in our souls.

Here you will find some poems in different languages. They talk about mankind, about loneliness, about tolerance, about migration.

Thanks. We hope you enjoy the poems and are looking forward to your own contributions or that of other authors you might want to send us.

  The Google translator will help you understand what we mean here in Spanish..
 
 
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